martes, 19 de julio de 2011

BALANCE DE UN AÑO. LA FORMACIÓN (3/3). CONCLUSIONES.

Afortunadamente para el que escribe y, sobre todo, para quien lee, este post sobre las conclusiones del balance de formación va a ser más corto y se va a centrar en cuatro pilares básicos.

El primero es la INTENSIDAD. En cuanto al trabajo, a desplazamientos, al interés de los temas formativos. Formar o capacitar supone un trabajo importante de reflexión, de planificación, de elaboración de materiales (por cierto, me acabo de acordar que también preparé un material parecido al del tema trabajado para el profesorado en prácticas del CEP de Lebrija, para el profesorado novel del CEP de Sevilla) y de evaluación de lo planteado y sus resultados, que añaden horas a las propias de formación y a los desplazamientos (Madrid, Málaga, Osuna, El Pedroso…)

El segundo pilar es la VARIEDAD. De temas, de expectativas del profesorado, de escenarios de formación, de tareas planteadas. Esa variedad ha enriquecido la formación y ha provocado que la experiencia sea aun más rica pues ha supuesto resolver problemas, muchas veces, sobre la marcha y dar soluciones a los temas planteados de manera que pudieran servir al máximo al objetivo de la formación del profesorado. Para colmo de la variedad, Antonio Bolívar me solicitó escribir un artículo sobre liderazgo y mejora para el monográfico de Escuela Española del mes de mayo. Un reto más, un tema más.

El tercer elemento es la EXPERIENCIA. Ya se ha podido vislumbrar en las entradas anteriores lo que ha supuesto para mí la experiencia formativa de este curso. Como todo el mundo sabe, y los docentes mejor que nadie, sólo se es realmente consciente de que algo se domina cuando se tiene que explicar (algunos incluso lo aplicamos al aula, para que nuestro alumnado aprenda enseñando a sus iguales). Bien, pues eso mismo me ha ocurrido a mí este año. He tenido que formar en metodología 2.0 y TIC, en competencias básicas, en organización y funcionamiento de los centros, en la elaboración del Proyecto Educativo, en programaciones de aula (me parece que esto lo tenía que haber puesto en el pilar anterior) y en ámbitos y ante claustros y profesores/as muy diversos. Ello ha supuesto la necesidad de meterme de lleno en los temas, no sólo como a alguien que le gustan o le llaman la atención, sino para dar lo máximo y  poder ofrecer lo máximo, también, a los que se formaban conmigo. Ha sido una experiencia inolvidable.

Por otra parte, la formación que he recibido, sobre todo la del COMBAS y la del Movimiento E3, que tengo algo abandonada, me ha dado perspectiva sobre dónde y cómo estoy yo personalmente como docente, dónde y cómo está mi centro y dónde y cómo está el nivel de innovación y de aplicación de las competencias básicas a nivel nacional. Han sido, sobre todo la del programa COMBAS, experiencias inolvidables, enriquecedoras y muy útiles para saber qué camino seguir, por dónde avanzar.

Finalmente, el pilar de los VALORES. La intensidad, la variedad y la experiencia anteriores me han hecho descubrir una serie de valores (también podríamos llamarles convencimientos) muy sólidos.

El primero de ellos, y el más destacado, es la importancia del profesorado. El profesorado es el elemento clave. Si el profesorado está dispuesto, está convencido o ve la posibilidad de mejorar su desempeño docente sin excesivo coste esfuerzo/resultados, puede hacer grandes cosas. El profesorado, por otra parte, es el único agente de la acción educativa que tiene suficiente capacidad para cambiar y mejorar: tiene la formación, tiene la oportunidad y puede tener la decisión para hacerlo.

Hay un elemento definitivo que demuestra lo que digo: si estamos convencidos de que los contenidos que damos son excesivos y no los damos nunca completos (hablo de los libros de texto, fundamentalmente), porqué no seleccionamos aquellos contenidos relevantes para poder desarrollar las competencias básicas del alumnado. Bien, dando por sentada esta base, el profesorado es el único que puede hacerlo, Para ello debe tener las condiciones (más estabilidad en los destinos), la formación (se está consiguiendo, pero demasiado poco a poco) y la decisión. Pero, en definitiva, es el factor clave y único para poder desarrollarlo.

Durante mi experiencia este año, he comprobado las ganas de muchos y muchas docentes de cambiar las cosas, de programar, trabajar y evaluar las competencias, de utilizar las TIC y la metodología 2.0. Son un gran número, pero les faltan condiciones (externas, que no dependen de ellos/as) y decisión y asimilan las posibles novedades con ansías de mejora. Por lo tanto, sólo necesitan un equipo directivo que asuma el riesgo y les pueda marcar el camino y una formación más común y menos deslavazada.

El segundo es la importancia de la coordinación docente. Lo anterior no tiene mucho sentido si no hay coordinación docente e integración de los currículos de las áreas. Para ello hacen falta estructuras organizativas que no que no existan sino que no se utilizan bien. Departamentos, ETCP, Claustros y, a partir de ahora, Áreas de Competencias y el nuevo departamento de Formación, Innovación y Evaluación, pueden ser suficientes si se tienen las cosas claras y una buena planificación del trabajo. Para muestras, unos botones:

·   En el IES Ciudad de las Cabezas, con un claustro algo reacio al principio, se programaron tareas integradas en menos de dos horas y desde el primer día de asesoramiento. Ya comenté algo parecido del IES Ponce de León.
·    En el CEP Castilleja, donde había un profesorado muy variado con muchos/as profesores/as de Formación Profesional, se programaron siete tareas integradas en dos horas.

El tercer pilar es la formación en centro. Este elemento es crucial si queremos cambiar los centros.Tenemos que tener un Proyecto Educativo, unas estrategias y una formación de centro. De nada sirve que cada profesor o profesora se forme en competencias, por ejemplo, a su manera porque entonces la aplicarán, si lo hacen, también a su manera, de manera descoordinada y aleatoria. Hay que hacerlo de manera conjunta, tener unas líneas de formación y actuación homogéneas, con independencia de la formación que cada uno individualmente quiera hacer según sus preferencias que debe sumarse, no sustituir, a la del centro

Para finalizar y fuera ya de este contexto, pero en relación con la formación, no se me puede olvidar mi claustro twittero. Han sido y siguen siendo una gran fuente de inspiración y de formación.

En definitiva, ha sido un año que no olvidaré nunca y, sobre todo, en el que he aprendido tanto que todavía, con casi toda seguridad, no lo he asimilado del  todo. Quiero aquí agradecer a todos/as y todos aquellos que han contado conmigo por haberme hecho participar en una experiencia tan extraordinaria.

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