miércoles, 2 de julio de 2014

25 AÑOS EN EL VIRGEN DEL CASTILLO

Existe una costumbre en el IES Virgen del Castillo, sana y digna de elogio, de reconocer al profesorado que cumple 25 años en el centro. Y este curso me ha tocado a mí, junto con otro profesor que también los ha cumplido.

En junio de 1989, un matrimonio casi recién casado se asomó por Lebrija para buscar piso y conocer el centro al que me habían destinado. Nos fuimos con los deberes hechos, y en septiembre de 1989 empezaba nuestra aventura lebrijana. Una aventura que nos ha dejado dos hijos (lo más importante sin ninguna duda), un trabajo para mi mujer y, sobre todo, el cariño de Lebrija. Nos hemos sentido y nos sentimos muy a gusto, muy apreciados. 


Muchos recuerdos. Del centro y de nuestra vida. Porque nos hemos hecho aquí. Llegamos con 27 años y llevamos 25. Ser de un sitio o de otro es más un sentimiento que un reconocimiento. Y aquí se van uniendo las dos cosas: nos sentimos lebrijanos y casi todos se sorprenden cuando tenemos que decir que no hemos nacido aquí. Uno elige el lugar donde vive (más o menos, vaya), pero no en el que nace.

25 años en el centro. Conocí el final del centro anterior conviviendo con la construcción del nuevo edificio (algo parecido a lo que ahora está pasando con el CEIP Nebrixa) y coordinar la comisión que celebró el cincuentenario del centro, en el curso 2002-2003, me hizo comprender mucho más lo que el instituto había representado y representa como institución con solera y raigambre en la localidad y, todavía, en las localidades cercanas.

Hasta el curso 1996-1997, fui un profesor normal (no es que ahora sea anormal, espero), es decir, un profesor de Geografía e Historia, tutor de algunos grandes cursos por sus magníficas alumnas y magníficos alumnos y que me planteaba la vida en el centro como cualquier otro docente: clases, guardias, Claustros y finalmente, desde el curso 1993-1994 también el Consejo Escolar. El junio de 1997 murió mi padre y pocos días después recuerdo con gran cariño y nostalgia una reunión con mis amigos Luis Blasco y Paco Muñoz, el cura Paco, convenciéndome en la maravillosa Bodega San Vito, de que fuera jefe de estudios. El momento delicado por el que pasaba el centro (sí, uno de ellos) y que quizá el trabajo ayudaría a olvidar la pérdida hicieron que me decidiera. Fueron dos cursos muy difíciles, pero recompusimos la situación. En parte, porque Luis Blasco, que era el director, dimitió por presiones políticas y mandaron un director en comisión de servicio. El resto del equipo directivo dimitió. Yo me quedé a ayudar en una situación muy complicada: un director de fuera, entraba toda la secundaria, el IES El Fontanal era una sección que dependía de nosotros y se incorporaban los maestros de primaria. Fueron también cuatro años muy duros, sobre todo los dos primeros. Pero salimos.

El curso 2003-2004, empezó mi aventura en la dirección. Llevo entre jefatura y dirección 17 años de cargo directivo. De esta aventura no tengo más que palabras de agradecimiento para quienes han trabajado conmigo codo con codo, a quienes han mantenido al centro como referencia, como centro más demandado en los períodos de escolarización y han ayudado a mantener su prestigio. También tengo de agradecer a todos aquellos que no han estado de acuerdo conmigo, en muchas cosas, sus críticas y sus posturas contrarias (muchas veces muy beligerantes) porque también me han ayudado a crecer. De todos y de todas he valorado y aprendido su enorme dedicación, esfuerzo y profesionalidad. Sinceramente, GRACIAS A TODAS Y A TODOS.


De estos 25 años me gustaría destacar varias cosas: 
  • la acogida, el aprecio y el cariño que he sentido y siento (sentimos) de las lebrijanas y lebrijanos
  • se aprende una barbaridad, siempre se está aprendiendo. De todo y de todos.
  • la enorme evolución del pueblo, de la sociedad, de la educación. Todo ha cambiado mucho. Y aprender de todo y de todos ayuda a adaptarse e incluso a vislumbrar ciertos cambios.
Pero, sobre todo, sobre todo, GRACIAS A MI MUJER. Sin ella hubiera sido todo mucho más difícil. A lo mejor, imposible.

A por otros 25, ya falta menos.

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