lunes, 1 de agosto de 2011

BALANCE DE UN AÑO. DESARROLLO PROFESIONAL.

Dentro del análisis del balance del curso he creído conveniente comentar un aspecto que sobrevuela sobre el tema de la formación y que tiene mucho que ver en el enfoque de la formación docente: el desarrollo profesional docente. 

Nos encontramos ante un tema complejo y polémico: ¿cómo se desarrolla profesionalmente un docente? y, sobre todo, ¿cómo se desarrolla profesionalmente un docente de secundaria? Para entender esto, tenemos que plantear dos posibles opciones: el desarrollo científico y el desarrollo pedagógico. Podríamos añadir una tercera opción: el desarrollo de carrera, es decir, ir subiendo peldaños en un teórico escalafón; pero esto en el mundo profesional educativo es casi inexistente. Uno es maestro, o profesor, y se jubila siendo lo mismo. Sólo participar en cargos directivos o pasar a la inspección pueden ser considerados "ascensos" como en otras actividades laborales y, como todos sabemos, son casos contados y poco frecuentes. Por lo tanto, hay pocas oportunidades de desarrollo y este es uno de los motivos de que no se tenga claro entre los docentes qué es esto del desarrollo profesional. Otro es la formación inicial del profesorado, especialmente del de secundaria.

Y en este post, precisamene, nos vamos a centrar en el profesorado de secundaria, que tiene una formación especializada en sus estudios científicos (si entendemos científico como la formación tendente al conocimiento y desarrollo de un método científico de cada especialidad cursada). Es decir, por formación somos matemáticos/as, físicos/as, filólogos/as, geógrafos/as, etc., y nos dedicamos a la docencia como profesión. Por ello, el desarrollo profesional puede ser planteado por algunos/as como una mayor especialización en sus estudios o como una mejor formación en ciertos aspectos científicos de su especialidad. Siempre que esa formación se utilice para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje (nuevos descubrimientos, nuevos experimentos, nuevas técnicas...) puede servir, pero si no lo hace, y por desgracia creo que es lo más frecuente, no puede ser considerado desarrollo profesional sino, simple y llanamente, personal. 

Por el contrario, hay muchos docentes de secundaria interesados en la innovación metodológica y didáctica, en saber qué es esto de las competencias básicas, cómo se puede utilizar la metodología 2.0, qué estrategias de aprendizaje pueden seguir, cómo pueden mejorar su destrezas didácticas y, en definitiva, cómo tienen que mejorar para ser mejores docentes y sacar más partido a los inmensos recursos con los que contamos para mejorar la formación de su alumnado, para que sea más competente, más participativo, mas formado, más esforzado, etc., etc. Ese es el desarrollo pedagógico y, entiendo, es a lo único que en una profesión como la nuestra podemos considerar desarrollo profesional. Pero, claro, esto necesita esfuerzo, dedicación y ser conscientes de que no podemos seguir haciendo lo de siempre en una sociedad y una cultura completamente diferente. Y no todo el mundo está dispuesto a admitirlo.

Una última cuestión importante. Saber que nos podemos desarrollar profesionalmente, mejorar nuestra acción docente es estimulante y proporciona, además de trabajo, satisfacciones enormes, principalmente, el trabajo del alumnado, el reconocimiento de otros/as docentes y la sensación personal de hacer lo posible por mejorar algo que no va muy bien, la verdad.

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