domingo, 18 de octubre de 2015

¿NOS ENTIENDEN?, DE CULTURAS, CONCEPTOS Y ESCUELA.

Charlas de kddas. Charlas de docentes relajados que hablan de lo que les preocupa. En este caso, en la última de Xátiva.

La conversación era sobre si nuestros alumnos nos entienden. Uno de los asistentes comentó que una compañera del departamento refirió en una reunión que parecía que el alumnado no la entendía, que utlizaba palabras y expresiones que no conocían. Rápidamente, me acordé de una anécdota de hace ya al menos cinco o seis años que siempre cuento cuando entramos en estas cuestiones. Se trata de la palabra AMNISTÍA, utilizada para explicar el final del franquismo y la transición en 2º de bachillerato. Y el alumnado no tenía ni idea de qué significaba. Al principio te choca, hasta incluso puede que te indignes un poco: ¡pero, qué barbaridad! ¡qué falta de cultura, de vocabulario!..., pero después piensas ¿por qué lo van a saber? Ni la han visto nunca en su vida escolar, ni la han vivido.

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O lo que es lo mismo, y concretando: los docentes tenemos un bagaje, una cultura o unas culturas que creemos válidas y que nos dan valores sólidos que creemos, también, que son los adecuados y hemos aprendido y aprehendido vivencias que no son las que ahora aprende y aprehende el alumnado. Y para eso hay un ejercicio muy simple que podemos hacer fácilmente: recordarnos con 12, 13 o 14 años, o incluso con 17 o 18 y pensar si entonces sabíamos cosas que ahora creemos que el alumno debe saber porque nosotros la hemos aprendido y aprehendido. Si lo hacemos, la respuesta es, seguramente, NO. Al menos la mía sería esa. O sea, hablando claro: ¿éramos unos incultos entonces? Seguro que nuestros profes pensarían de nosotros lo mismo que ahora podemos pensar nosotros de nuestros alumnos. 

No entender esto es ahondar la brecha "cultural" entre docentes y alumnos y colocarnos, muchas veces inconscientemente, en una posición de superioridad que aleja a un buen porcentaje del alumnado de lo que se realiza en el aula. Podemos obviar todo esto y seguir a nuestro ritmo, con nuestras culturas y valores, pero también podemos intentar acercarnos, escucharlos, comprenderlos y ayudarlos.

En definitiva, no valoremos a nuestro alumnado con el prisma de nuestras culturas adquiridas a lo largo de nuestra experiencia, sino a través de las suyas. Es difícil, muy difícil porque muchas veces son mundos casi completemente opuestos. 

Pero, sin duda, como docentes nos puede evitar muchos disgustos. Y a nuestros alumnos, también.

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