martes, 12 de junio de 2012

PTP (PPP en castellano)

Desde hace tiempo se está extendiendo entre l@s docentes el PBL (Proyect o Problem Based Learnning) o ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos o Problemas) en castellano. Aprovechando la extensión de estas siglas como referentes metodológicos, he utilizado este juego de siglas y palabras para títular esta entrada. Porque lo que quiero plantear en ella es el PROGRAMMING TEACHER PROBLEM (PTP) ó, en castellano, el PROBLEMA DE L@S PROFESOR@S CON LA PROGRAMACIÓN (PPP).


Durante este curso, tanto en el centro que dirijo como en otros centros donde he ido a capacitar o formar al profesorado en competencias básicas, he confirmado un problema grave entre el profesorado: el PROBLEMA que tienen l@s PROFESOR@S con la PROGRAMACIÓN. Y debe ser un problema atávico porque es nombrar algo sobre que tenemos que programar, ya sea unidades didácticas, programaciones didácticas, tareas integradas o proyectos, y es que poco menos que te saltan a la yugular: que si programar es burocrático, que si es un papeleo que no sirve de nada o sólo para contentar a la inspección o a la dirección, o que sólo sirve para que las reclamaciones no prosperen, que ya nos dan el trabajo hecho las editoriales, etc. etc.


Y no les falta razón, por desgracia. Hasta ahora, la Programación Didáctica era un trámite de inicio de curso que había que pasar lo antes posible copiando todos los datos habidos y por haber de las editoriales que utilizábamos (y que utilizamos toavía), que contenían un listado completo y maravilloso de los objetivos, contenidos, criterios de evaluación y desde hace unos años ¡¡¡incluso, sorpréndanse, competencias básicas!!!. A esto se añadían (y se añaden todavía) cuatro datos concretos del departamento y poco más. Eso era (y es todavía) un tocho que se guardaba en un cajón o que se archivaba informáticamente y que, en algunos centros donde al Equipo Directivo le gustaba "tocar las narices", se revisaba para ver si se había metido la pata, y poco más. De ello se derivaba (y se deriva todavía) la sensación extendida de que no servía para nada y de que siguiendo el libro se seguía la programación (y se trabajaban los contenidos mínimos y se utilizaban los criterios de evaluación adecuados y se podían conseguir los objetivos e ¡¡¡incluso, sorpréndanse, se trabajaban las competencias básicas!!!. No había problema.


Pero llegaron las contradicciones: había que evaluar por competencias. Y esto ¿cómo se hace?, ¿cómo se añade a lo que ya hacemos?. Hombre, porque esto de cambiar está feo, no es muy serio, y no vamos a cambiar ahora (y menos con la crisis, que no es la "tormenta perfecta", sino la "excusa perfecta" para algun@s). El problema es que se plantea como un añadido, no como un verdadero cambio metodológico que supone básicamente cuatro cosas:

  1. RELACIONAR ELEMENTOS DEL CURRÍCULO: Ya no se trata de una lista de objetivos, contenidos, criterios de evaluación y competencias, que nos facilitaban las editoriales ya prefabricada, sino que hay que pararse a ver la relación que existe entre estos elementos. Y esto nos hace pensar. Buen asunto, creo.
  2. DISEÑAR ACTIVIDADES QUE DESARROLLEN COMPETENCIAS. Si queremos evaluar competencias tenemos que trabajarlas y, para ello, hay que diseñar actividades de aula que lo hagan. Ya no vale cualquier actividad que traiga el libro. hay que seleccionarlas y buscar alternativas.
  3. RELACIONAR LAS ACTIVIDADES CON LOS CRITERIOS DE EVALUACIÓN. Hay que evaluar el desarrollo de las competencias básicas y para hcer una evaluación efectiva hay que relacionar las actividades con los criterios de evaluación, porque éstos nos explican qué es lo que hay que hacer con el alumnado para trabajar las competencias. Esto se puede hacer de manera directa (más simple y genérica, como propone el grupo iCOBAE) o bien a través de los indicadores de evaluación (desmenuzar los criterios de evaluación en objetivos didácticos) que es algo más complejo pero puede servir de ancla para el profesorado poco acostumbrado a este tipo de programación.
  4. INTEGRACIÓN DE CURRÍCULOS: Diseñar tareas integradas y proyectos integrados de trabajo interdisciplinar es la forma más efectiva de desarrollar las competencias básicas. Pero claro, eso requiere más coordinación, más colaboración y menos individualismo docente. Abandonar la disciplinariedad y llegar a la integración de contenidos.

Así, que como yo digo, el problema del profesorado con la evaluación de las competencias es, en realidad, el problema con la programación. No aceptamos que tengamos que programar, que tengamos que diseñar nuestras unidades didácticas o nuestra programación de aula. Porque en secundaria nadie es consciente de tenerla (porque no la han programado), pero todo el mundo la tiene (la de las editoriales). Además, lo más grave es que no sabemos y eso nos pone en evidencia. Sin embargo, no hay otro camino, porque cualquier alternativa a esto es un fiasco y un engaño a la sociedad.

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